martes, 9 de noviembre de 2010

una profesión con futuro

Pues, con respecto a lo del fin del trabajo, parece ser que una profesión que ya está teniendo y que va a tener una gran demanda en el futuro es la de estadístico. Ahora que internet ofrece una cantidad de información abrumadora hace falta gente que saque conclusiones útiles de ella. Gente que la analice y ponga los resultados al servicio de empresas e instituciones. Lo he visto en un post del blog de Bernardo Hernández y me ha parecido muy interesante. En el mundo de internet ya llevan tiempo estos analistas interpretando, en beneficio de quien les pague, la información que como usuarios dejamos en la red. Se les llama Numerati, hay un libro sobre ellos, que tengo a medias porque es un poco rollo, pero que es muy interesante. Es un negocio con futuro que se aplica a un montón de ámbitos: la publicidad, la venta de productos, la gestión de empresas, la seguridad policial y por supuesto las elecciones políticas. Hay muchas más aplicaciones de estos análisis, y con tanto cliente potencial es normal que florezcan las empresas que se dedican a ello y den trabajo a un gran número de matemáticos. En el futuro de internet habrá trabajo, pero será muy especializado, y con una tasa de abandono escolar en España del 31,2%, y con un 40,8% en mi comunidad, las perspectivas no son muy buenas.

Se supone que estamos en la sociedad de la información y el conocimiento y, que yo recuerde, el único debate sobre educación que se ha hecho en esta última década, a nivel político, en España, ha sido sobre la asignatura de religión versus educación para la ciudadanía. Mientras los políticos están con sus cosas y sus cortinas de humo para evitar tomar decisiones que puedan suponer cierto riesgo, y esa es la razón por la que se pasan el dia mareando la perdiz con el tema de ETA, paises como la India se hacen fuertes en mercados que tienen futuro como el análisis estadístico.

Y si el lenguaje de los negocios, de la programación e internet es el inglés, aquí damos pena. Y si no sabemos ni escribir en castellano, cómo vamos a saber hacerlo en inglés. Menos mal que está la Academia de la Lengua para echarnos una mano quitando acentos y quitando cosas que pueden crear confusión y causar faltas ortográficas. Como no podemos educar mejor a la gente, les simplificaremos la escritura y así ponemos el lenguaje a su nivel cultural. Lo contrario requiere demasiado esfuerzo. Genial. No me extraña que esté Pérez Reverte allí metido.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Lartigue



Muy chula esta exposición. Se puede ver en el Gran Hotel. A Jacques Henri Lartigue su padre le regaló una cámara cuando tenia ocho años, en la primera década del siglo XX, y desde entonces no dejó de sacar fotos. En la exposición también hay fotografías estereoscópicas sorprendentes, lo que demuestra que esto del 3D, que ahora es el último grito, es más viejo que el pastar, y que nació casi al mismo tiempo que la reproducción mecánica de la realidad.

Las fotos estereoscópicas se ven en estos artefactos, no os despistéis.

jueves, 4 de noviembre de 2010

el gusto del cloro



La trama es banal, casi no pasa nada y tiene poco diálogo, pero lleva oculta una carga de profundidad de efecto retardado. Es como uno de esos golpes secretos de los grandes maestros del kungfú, que parece que sólo te han tocado y al cabo de unos dias te mueres porque en realidad el ataque ha sido brutal. La parte gráfica está muy bien, con una combinación de colores piscineros muy buena.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

el fin del trabajo


Este libro se publicó en 1994, en plena crisis en la que ni con dos carreras y tres másters conseguías trabajo. Luego, en la década de bonanza y auge económico posterior, cayó en el olvido, y si acaso se recordaba era para manifestar que Rifkin estaba equivocado. Como ahora volvemos a estar en las mismas que en 1994 se ha vuelto a publicar, y vuelven a citarlo en estudios que predicen que todo irá a peor.

La tesis del libro es simple: debido al avance tecnológico no habrá trabajo para todos. Y el déficit en oferta laboral se deberá a: una mayor especialización tecnólogica del puesto de trabajo, la biotecnología aplicada a la agricultura, la automatización de los procesos industriales, las nuevas y más efectivas formas de organización empresarial, y las computadoras e internet (que por entonces aún se llamaba, en plural, las superautopistas de la información).

Todo ello provocará un futuro ominoso según Rifkin: millones de personas excluidas del mercado de trabajo, depresión económica por disminución del consumo, delincuencia, violencia y mafias. Es decir, ciudadjuarismo a escala planetaria.

Rifkin no ve demasiada solución al problema, aunque sí formas de disminuir el impacto social. Para empezar deberíamos repartir entre todos los beneficios del aumento de productividad disminuyendo la carga horaria laboral, para que más gente pueda acceder al mercado de trabajo, algo de lo que no quieren ni oir hablar los empresarios. Al contrario, intentan aumentar esa carga, por el mismo precio, para ser más competitivos.

Otra idea es la renta básica universal, que sólo con nombrarla provoca convulsiones en los neocons norteamericanos y alucinaciones en las que aparece Lenin invadiendo Texas.

Y la última propuesta es la que más se aplicó en los 90. Frente al sector público y al sector privado, Rifkin apuesta por el tercer sector, la también llamada economía social, es decir, el asociacionismo, el voluntarismo y las ONGs. Si no tienes trabajo te enrolas en una ong, o la montas, y así te ganas la vida, o como mínimo ya tienes algo intersante que hacer con tu vida.

El libro tiene su interés, pero está claro que exponer un futuro dantesco te asegura atención por parte de los medios, aunque sea para decir que estás loco. Personalmente creo que exagera, porque hasta ahora toda nueva tecnología ha creado más riqueza y nuevos mercados de trabajo. El coche acabó con los carros y la venta de caballos, pero creó una industria mil veces más potente. Lo que no quita la posibilidad de que sea la tercera revolución industrial la que cambie las cosas. Ya veremos.