viernes, 28 de enero de 2011

kafka on the shore

La novela empieza con un adolescente que se escapa de casa, cambia de ciudad y pasa los días leyendo en una biblioteca. Por lo que a mi respecta el resto del libro podría tratar del adolescente, la biblioteca, los libros que lee y la gente que allí conoce.

Luego pasa unos días sólo en una cabaña en los bosques y tampoco me hubiera importado que se quedara allí durante todo el libro.

Pero Murakami no es tan pajarraco y tiene otras ideas. Aparece otro personaje que habla con los gatos y piensas, vale, me lo creo. Cuando aparece Johnny Walker y llueven peces y sanguijuelas empiezas a mosquearte. Para cuando entran en acción fantasmas, espíritus y el mismísimo Coronel Sanders la acumulación de cosas extrañas se acerca peligrosamente a la tontería. Quedan doscientas páginas y empiezan a entrarte prisas por terminar. (Confieso que en las doscientas últimas páginas mi lectura ha ido escorando hacia la diagonal).

El problema no es que salgan fantasmas o intersecciones temporales, sino la sensación de que la historia no tiene una dirección concreta y que va cambiando según el humor del día de Murakami. Me lo imagino levántandose por la mañana, sentándose en el escritorio y pensando "¿Y ahora qué pongo? Sabes qué, voy a poner a una prostituta filósofa que recita a Hegel." Pues vale. Pero transmite la sensación de que tanto le da, y acabas que también te da lo mismo lo que te vaya a contar en las próximas páginas.

En esto me recuerda mucho a Paul Auster. Son buenos escritores que consiguen atraparte con cosas interesantes, pero no tienen una arquitectura en la que apoyar la historia, y a medida que avanza se les va deshaciendo en cosas cada vez más raras y tontas. Es una opción literaria tan válida como cualquier otra, por supuesto. Todo es cuestión de gustos, pero en mi caso...¡al container!.

9 comentarios:

oveja indiferente dijo...

Lo que me he reído. Es exactamente lo que yo pensé cuando lo leí. Yo veía que se iban acabando las páginas del libro, que cada vez faltaba menos para el final, y que Murakami seguía metiendo elementos nuevos e inconexos sin dar explicaciones. Un poco como la serie Lost. Y mosquea.
Lo peor no es el fantasma de la mujer, sino ese bosque en el que hay otras dimensiones de las cien últimas páginas.
La sensación final es ¿600 páginas para qué?
Si quieres Murakami con estructura está Tokio Blues, lo malo es que es para morirse de la pena.

pau dijo...

El bosque, la puñetera piedra, las dimensiones, el ente abstracto...No hay que escribir fumao, que luego pasan esas cosas.

Me apunto lo de Tokio Blues, pero no por el momento.

Tengo otra teoria sobre porqué 600 páginas, cuando las últimas 300 son totalmente absurdas: el tio escribe y escribe cada dia hasta que un dia le llama el editor y le dice "Haruki, que tienes que entregar el libro ya". Y entonces escribe el final y lo entrega al dia siguiente.

Anónimo dijo...

de donde has copiado la crítica, te va a fichar Ultima hora

xchaos

pau dijo...

Hay un programa de ordenador que te las hace solas.

la escapa·ratista dijo...

Lo leí hace dos o tres siglos, un verano en la playa. Y recuerdo que me gustó, aunque ¡no recuerdo casi nada del libro! Del que sí me acurdo es de Al sur de la frontera, al oeste del sol.
Vale, al container pero, ¿por qué no lo dejas aquí? Puede ser curioso.
http://www.bookcrossing-spain.com/

oveja indiferente dijo...

Si esque al final Murakami es un procastinater de esos...

pau dijo...

escapa, lo de bookcrossing está bien pero no seria honesto porque se supone que son libros que ta han gustado y quieres compartir. Yo hago bookcontaining y funciona igual de bien: lo dejo encima del container, no dentro, y te aseguro que cuando vuelvo a pasar más tarde
ya se lo ha llevado alguien.

alba, que va, al contrario, lo que le pasa es que escribe más de lo que debería.

Nuria dijo...

Déjate de leer cosas raras y pásate al Hola, ya verás cómo a su lado Murakami es simplemente un aficionado...

pau dijo...

Tienes razón Nuria, no hay nada más surrealista y sin sentido que el Hola.